sábado, 25 de agosto de 2012

Para conocernos un poco más

A menudo me he detenido a explicar en que consiste mi trabajo. Lo que hago en mi día a día y aquellos momentos y situaciones en los que se basa "mi curro" de Jefe de Protocolo. Enumero entonces los actos que organizo, las maravillas y los sabores -en ocasiones- agridulces que tiene este puesto, pero siempre buenos.


Me gusta (y mucho) hablar con la gente de la edad que sea. Siempre se aprende algo. Y gusta (no lo vamos a negar) cuando la gente se interesa por tu labor. Por lo que haces y a lo que atiendes. Se trata de "compartir" algo de ti, algo tuyo (y de todos). Esto siempre ocurre en las bodas, en la celebración posterior cuando todos nos sentamos a la mesa y (estando en minoría: que no conocemos al resto de comensales) te preguntan que a que te dedicas.

La gente, cuando me escucha hablar, se hará un dibujo o una composición de lugar de lo que hago en el Ayuntamiento. Pero yo creo que la mejor imagen que describe mi trabajo es la del MALABARISTA que mantiene con PALOS unos PLATOS.

Así es mi trabajo, coloco los palos y sobre ellos unos platos. Hay tantos palos (reuniones, "previas", preparativos, llamadas, mails y horas de trabajo) como platos tengas que hacer girar (asuntos o actos). Estos platos pueden ser cada uno de los concejales de los que dependa tu labor, o de los actos que estés organizando o que tengas que supervisar si no depende de ti, pero participa alguien de tu institución o entidad.

Claro que la gracia está en mantener los platos girando, pero lo mas difícil es hacerlos girar TODOS cuando hay muchos y a todos darle el impulso que tienen que tener, ni mas, para que salga el plato del palo disparado, ni menos para que haga como olas y caiga del palo.



Es un trabajo de equilibrio y atención. De mucha atención... a todo. Una aventura entre la rutina y lo nuevo.

Y empiezas a colocar platos sobre los palos. Primero uno, luego dos, en cuanto tienes el tercero en movimiento, hay que volver al primer palo y moverlo un poco para hacer que el plato vuelva a coger impulso. 

Y comienzan las carreras, para atender a cada plato. Dedicas tu tiempo a evitar que  ninguno caiga. Para ello hay que ir de un lado a otro, agitando lo necesario cada palo y cada plato para evitar que pierda fuelle.

A veces cuesta mantener la sonrisa con la que apareces al principio que mas tarde, se encuentra con una mueca de estrés y miradas apresuradas de un lado a otro. 

Pero ¿¿Es solo así mi trabajo?? ¿Cuántos identifican su día a día con esta sensación de que si me paro, acabará cayéndose algo y ocurrirá una pequeña catástrofe? O peor aún, si no mantengo todos los palos moviéndose, pues todos son importantes para mi, ¿Se puede venir todo abajo?

Teniendo siempre claro, amable lector, que nadie es imprescindible. 

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